El marketing detrás del propósito

4–6 minutos

Leí un posteo que decía: “ganarte la vida trabajando de algo que no amás es perderte la vida”. La frase estaba en relación con otro posteo que incluía una cita de Alejandra Pizarnik. En esa cita* se hace una valoración negativa sobre la idea del trabajo como forma de ganarse la vida y también se cuestiona la centralidad que tiene. Basta leer la biografía de Pizarnik para entender desde dónde hablaba la autora. Pero en este texto quiero cuestionar la frase del posteo que dialogaba con Pizarnik, no personalmente a quien la hizo, sino a una idea que subyace y que cada tanto cobra fuerza en determinados ámbitos. ¿Trabajo, vocación y propósito deben ser lo mismo? Adelanto mi respuesta para no generar misterio: NO. Es otro de esos mandatos que tiene cinco minutos en la historia de la humanidad y que se superpone, se enrolla, se mezcla de manera perversa con la idea capitalista del trabajo. En el siglo XX cualquier trabajo dignificaba (no importaba que la dignidad sea inherente al ser humano/a: había que ganársela); a finales de los ´90 se impuso la idea de la vocación como mandato a la hora de elegir no solo un trabajo, sino también qué estudiar. Y el siglo XXI, redes sociales mediante, nos impuso el bendito propósito.

Así que la cosa queda así: en un mundo donde las grandes mayorías aún pelean por comer y sobrevivir, un grupete de privilegiados se arroga el derecho de decirle a esas mayorías que están haciendo todo mal. La angustia vocacional que marcó la etapa final de mi escuela secundaria se transformó en personas gastando muchos pesos (dólares, euros, etc.) en encontrar el propósito de las maneras más diversas. ¿Pero se puede encontrar el propósito cuando lo que se busca es un trabajo que sea mágico y que no nos “cueste” hacer? El Santo Grial moderno —y para Instagram— es la vida de ensueño en la que se trabaja pocas horas (o nada), se gana mucho y no hay angustia existencial: solo disfrute, porque hemos hecho lo correcto, hemos encontrado lo que “amamos” y todo será resuelto.

Pensemos en algunos de los problemas evidentes que esta lógica esconde:

Hay muchas personas sintiéndose horrible, con diferentes niveles de sufrimiento, por no poder lograr este ideal.
No para todo el mundo la vocación y el propósito serán caminos claros y evidentes.
Aunque lo tengas claro, lo más probable es que el sistema en el que vivimos no te permita solventarte económicamente de eso que “amás”.

Decirles a todas esas personas que desperdician la vida, que de alguna manera están falladas, es primero irresponsable y después cruel.

Si no es la primera vez que me leés, seguramente te imagines que lo que propongo no es una sociedad en la que nadie se cuestione nada y cada quien acepte su rol en la maquinaria. Nada más lejos de mi espíritu. Pero estoy harta de las preguntas incorrectas. Hay varios problemas que se invisibilizan y no me animaría a darles un orden jerárquico acá. Pero si puedo enumerar algunos, estoy segura de que no ayuda en nada la cantidad de horas que dedicamos al trabajo, los salarios bajos, la sociedad del consumo, las necesidades básicas —como salud, educación, entre otras— que se gestionan de manera particular, con cada vez menos presencia de lo colectivo.

Nos están diciendo que el trabajo tiene que “llenarnos” porque están ocultando a plena luz que no va a quedarte tiempo para nada más. Y no es que una sea tonta, ya lo sabemos. Sabemos que no hay tiempo para el esparcimiento, para disfrutar, para no hacer nada. Sabemos que la lógica de la productividad necesita que todo el tiempo hagamos cosas y, para que la angustia no nos desborde, nos mantienen la atención en la búsqueda constante de eso que se supone nos falta.

Perdimos en el camino la dimensión espiritual del propósito y la vocación en pos de convertirlos en meros instrumentos para satisfacer metas. ¿Acaso no sería un plan posible tener un trabajo que permita desarrollar nuestra vocación —con tiempo y dinero— y, con esos mismos recursos, tener el espacio para conectar con nuestra voz interna y encontrar sentido? En definitiva: encontrar propósito.

¿A quién le hablan estos nuevos mandatos? ¿Quiénes los escuchan? ¿Qué efecto, sin que te dieras cuenta, tiene hoy en tu vida ir a trabajar de algo que no cumple con los requisitos de los grandes gurúes que se popularizan en las redes sociales?

El tiempo de escribir, de leer y de pensar, lamentablemente, son privilegios en un mundo lleno de desigualdades. Pero vos del otro lado y yo de este, por la razón que sea, nos hicimos este rato. Queremos trabajar en nuestro autoconocimiento y espero que tengamos un objetivo común: hacer de esa tarea algo sincero, sin presiones, pero sobre todo con una mirada clara sobre el lugar desde donde partimos. Tal vez una de las claves para colaborar y no herir, imponer o hacer sentir mal a otros sea dejar de reproducir estos mandatos vacíos, esos que hacen que relaciones el valor y la dignidad con cosas que nada tienen que ver. 

Conocerte, tarde o temprano, termina por acercarte a la respuesta de cuál es ese motor interno que hace que te muevas, que genera respiraciones profundas que llenan de oxígeno. Ya se verá después si ese motor tiene relación o no con el trabajo.

Noe Abad.

*La cita de la Alejandra Pizarnik a la que se hace referencia: “La verdad: trabajar para vivir es más idiota que vivir. Me pregunto quién inventó la expresión ‘ganarse la vida’ como sinónimo de trabajar.

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