
Empecé noviembre con esta idea muy fuerte en mi cabeza. Quizás le pueda echar la culpa al Día de los Muertos, o mejor sería asumir que este es uno de esos temas que me desvelan. ¿Hay una imagen del duelo?
Me puse a buscar si alguien ya se ocupó de este tema o si hay espacio para decir algo nuevo. Me sorprendió un poco que el concepto exacto (al menos en la superficie de los buscadores de internet) no aparezca a simple vista. Por supuesto, sí hay personas pensando en algunas de estas cosas pero con otros abordajes.
La categoría imagen nos sugiere una serie de ideas. Quiero empezar por la más obvia: el vestuario. Hay un solo tipo de duelo que supo tener dress code, y me refiero al duelo que viene luego de la pérdida de un ser querido. En nuestra cultura hemos ido dejando de lado esa vestimenta que identificaba a las familias que habían sufrido una pérdida. El color negro ya no representa ese proceso, y será cada quien que decida qué usar en ese momento.
Los tiempos han cambiado, y mucho de lo que nos pasa es asunto público a través de las redes sociales. ¿Hay un deber ser digital para el duelo, una especie de crespón negro que comunique la noticia? Ya vamos a profundizar en esto, pero la pregunta que se apura por salir es: ¿me duele en serio la muerte de un familiar si no hago una declaración pública en formato de posteo? ¿Son las redes sociales el reemplazo de la sección de obituarios en los diarios?
Volvamos al código de etiqueta y exploremos otros tipos de duelo. ¿Qué me pongo cuando me acabo de separar? ¿O cuando perdí mi trabajo? En mi experiencia, la gente interpreta cosas, no importa qué te pongas.
Mi armario es de diferentes tonos de negro, y siempre fue así, pero solo cuando estoy mal parece importarle a todo el mundo. No es el negro, es mi cara de cu*, es mi falta de energía lo que produce comentarios como: “Deberías probar con colores”. Siempre les pregunté mentalmente a mis interlocutores: ¿qué te haría sentir verme de rosa y flores primaverales? ¿Por qué querés que me disfrace, oculte lo que me está pasando con ropa que ni siquiera tengo?
A la presión de la ropa se le suma otra: el apuro para que mejores. No dudo que a veces sea con buenas intenciones, pero ¿quién en un momento duro no escuchó cosas como “Ya estás mejor, ¿no?”?
Tu apuro no me ayuda, y que me mientas diciendo que me veo mejor de lo que estoy, tampoco. Y en el colmo de los “deber ser” que generan los comentarios (es mi favorito) está el “¿Por qué no me llamaste, que yo podría haberte ayudado?”.
Mi conclusión de lo que se espera es que no solo tengo que vestirme de acuerdo al código actual —colores para levantar el ánimo—, sino que además tengo que recuperarme rápido y tener a bien llamar a otros que supuestamente pueden ayudarme. O sea: frente a mi duelo, voy y me compro ropa flúo, hago una fiesta en la que comparto lo que me pasa con gente que no quiero y sonrío con cierta frecuencia para que todos se queden tranquis de que estoy mejor.
Me pregunto cómo pasamos de la viuda de negro encerrada en una casa a la Barbie alegre y súper trabajada.
En honor a la verdad, he subido fotos con palabras de amor a seres queridos que fallecieron en los últimos años. A veces me llama la atención cuando algunas personas perpetúan esa práctica durante meses. No me identifico con ese pesar expuesto cotidiano; no sabría cómo hacerlo.
Nunca subí una imagen para hablar de una separación. No hice mención alguna a pérdidas de embarazo en redes sociales. Tampoco compartí crisis relacionadas al trabajo, y sigo eligiendo no “procesar” públicamente las secuelas emocionales de un robo.
Creo que eso dice algunas cosas de mí, y me las cuestiono con el único fin de conocerme más, de entender hasta qué punto me atraviesa o no la época. No está ni bien ni mal si hacés lo mismo que yo o todo lo contrario. La idea que te propongo es que analices cuáles son tus motivaciones y si eso te está haciendo bien o mal.
Todo esto tiene un montón de aristas. Me interesan las imágenes, lo que hacemos en redes sociales y, sobre todo, cómo nos representamos a nosotras mismas en función de los mandatos de cada momento. No leas juicio en mis palabras: es solo una invitación a reflexionar.
Encontré un trabajo que me gustó mucho, en el que Montse Morcate* habla justamente de la tendencia a compartir el duelo a través de imágenes en sitios especializados, pero creo que podemos extenderlo a las redes en general. Sobre esto dice:
“Se trata, por tanto, de anteponer el compartir experiencias a través de imágenes para establecer vínculos más que el mero hecho de perpetuar el recuerdo. De este modo, compartir imágenes online permite la comunicación y la creación de lazos más allá de nuestro entorno presencial.”
La autora habla de dos cosas: compartir y perpetuar el recuerdo, pero también de la búsqueda de consuelo. Y esto, en particular, me hace repensarlo todo. El objetivo de buscar apoyo es todo lo que está bien. Pero enseguida pienso que las redes sociales fueron creadas bajo el manto de esos ideales nobles, pero ¿qué queda de eso?
Las buenas intenciones, parece, no dejan de convivir con una nueva herramienta de presión y condicionamiento de todo lo que hacemos.
¿Y las fotos? Las que vemos de nuestro pasado y nos conmueven porque hay personas que no están, porque nosotras mismas ya no somos iguales. Las fotos son siempre un momento pasado, pero también un instante congelado de nuestra vida.
Un recorte: porque en esa foto de un cumpleaños cuando eras chica quizás solo se ve la velita y la alegría, pero ya nadie se acuerda de que también ese día lloraste por algo. La memoria, como las fotos, a veces borra algunos recuerdos y cristaliza otros.
Pero también la fotografía puede darnos una vía para atravesar el duelo. Me encanta leer biografías de fotógrafas y fotógrafos que encontraron cómo convertirla en una herramienta de “salvación”.
A veces pienso que sacar fotos es un juego y que, como tal, nos ayuda a entender la realidad que nos rodea. Trato de buscar los puentes que pueden sacar este juego del lugar que tiene hoy, en el que sacamos una foto por cada cosa absurda que nos pasa.
¿Quién no hizo una lista y después le tomó una foto para llevarla en el teléfono y dejar el papelito? ¿Quién no saca fotos para recordar cosas a las que nunca más les prestará atención?
Las fotos ya no representan los momentos especiales. Están ahí todo el tiempo, y por eso es fácil olvidar el poder que tienen en nosotras.
Más allá de las técnicas y los ejercicios, lo que quiero que te lleves hoy es la idea de que, en la cámara de fotos del celu —o mejor aún, en esa cámara que no se conecta a wifi—, se encuentra un potencial enorme para ayudarte a recorrer las distintas etapas de tu vida de una forma consciente.
Una herramienta que puede devolverte un espejo que te permita crecer y conocerte.
En definitiva, creo que sí hay una “imagen del duelo”, y que cada época tuvo la suya. Pero siempre existieron mujeres valientes que se atrevieron a desafiar su tiempo. Quizás hoy la rebeldía no sea romper el luto antes de lo establecido, sino tener el valor de elegir cómo y qué mostramos.
Abrazo, y uno especial si estás pasando por un momento difícil.
Noe
*Doctora en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona.
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